Estimado padre Felix:
Un chiquillo que se llamaba como yo, corrio una tarde detras de usted para conocerlo. La gente decia que usted era muy bueno. Como le impresiono la estatura vigorosa, el bosque de las cejas, los ojos terriblemente azules, las manos bondadosas que se posaron sobre la cabeza del nino para bendecirlo. Aun siente el temblor y la dicha de aquellas manos.
El chiquillo de ayer, hoy se mira mas afortunado. Puede hablarte de tú. Y sentirte mas cerca, puesto que estas en el cielo.
Escribi tu vida. Con temblor. Tambien con gusto. No creas que es una biografia, ni que me asomo a la hondura de tu espiritualidad. Son angulos de una perspectiva. Como trozos de luz que fui desmontando de una vidriera de colores. Cortes hechos sobre tu vida de eleccion.
Quise que tu mismo contaras en primera persona tu propia historia, para que te vieramos vivo, viviendo entre nosotros.
Se que tienes una tumba. Y sin embargo vives. Vives en Dios y en la historia de la Iglesia. Vives en tu doctrina, en tus obras, en tus hijos innumerables, en la vigencia de tu espiritu. Perdoname si lastimo tu humildad. Gloria de Francia y de Mexico. Apostol de la America Espanola. Precursor de las grandes palpitaciones del Concilio Vaticano II. Una de las mas altas y luminosas figuras sacerdotales de nuestro tiempo.
Joaquin Antonio Peñalosa