La oración y la vida de una leprosa. Verónica tenía tres años cuando sintió los primeros síntomas de la lepra. A partir de entonces fue perdiéndolo todo: su belleza, sus manos, sus pies, sus ojos; pero, en medio de todo este tremendo despojo alcanzó lo esencial: el amor. Fue precisamente por amor a Cristo como logra aceptar la terrible prueba y la transformar en un don gratuito, en abandono total. Este cambio, está total conversión del corazón, supo Verónica traducirlos en la impresionante oración que sirve de pórtico a este testimonio, oración cristiana por excelencia, oración de toda una vida. Una vida que nos relata sin florituras los amigos de Verónica.